Bajo mantenimiento y fácil cuidado
Las superficies de bajo mantenimiento requieren menos cuidado del promedio, lo que incluye limpiarlas con un detergente suave, evitar el uso de utensilios abrasivos y, en raras ocasiones —o nunca— sellarlas. Al ser no porosas, estas superficies no absorben líquidos y, por tanto, no se manchan; esto ayuda a reducir las tareas asociadas con la limpieza en zonas de cocina de alto tráfico.